Ver los hijos crecer

Hace 6 ó 7 años atrás una ex compañera de mi clase graduada de escuela superior al saber que yo estaba perdiendo la vista me comentó que ella pensaba que lo más terrible era el no poder ver a mis hijos crecer. En ese momento todavía mi vista era bastante funcional, siempre y cuando estuviera en lugares con mucha luz. Me tomó varios años adicionales el llegar al punto en que en realidad no puedo ver las caras de las personas, y con suerte puedo distinguir la silueta de las personas.

Yo no puedo ver mi cara en el espejo, así que me afeito de oido, o más bien por tacto. No veo las canas que crecen en mi cabeza, ni las arrugas que supongo deben estar comenzando a formarse en mi cara. Por lo tanto, estoy seguro que siempre pensaré que aunque los años pasen, yo me sigo viendo tan joven como el último día que me vi la cara en un espejo.

A diferencia de mis amigos que con el pasar del tiempo van notando como también sus esposas van envejeciendo, y algunos optan por actualizar su esposa por un modelo más joven, pensando que con ese cambio ellos también se ven más jóvenes, cuando en realidad si te quieres ver más joven, debes pararte al lado de alguien más viejo, en mi caso mi esposa se mantiene igual de joven y bonita que la última vez que la vi.

En el caso de mis hijos, la realidad es que no tengo que verlos con los ojos, para verlos crecer. Con hablar y compartir con ellos, no sólo los veo crecer, sino que también los veo muy bien encaminados en la vida, y no tengo duda de que serán personas de bien. Además, verlos crecer no es cuestión de la vista, ya que si algo aprendí de mis padres, y que he notado que es común de todos los padres que quieren a sus hijos, es que aunque tengan muy buenos ojos, y una vista perfecta, los hijos nunca crecen y siempre son “sus nenes”…