Oficialmente viejo

El ser catalogado como una persona vieja es algo relativo. Para mi mamá mientras vivía, y para mi papá, mi hermano y yo siempre hemos sido “los nenes”, pero a la misma vez si le pregunto a mis hijos, ellos contestan sin ninguna duda que su madre y yo somos viejos. Por lo tanto, estos se balancean, y nos queda otro grupo, que es el de nuestras amistades, con los que siempre somos parte del grupo de “los muchachos”. El problema está en que estos grupos por ser cercanos a uno, tienden a estar parcializados. De ahí, que necesitemos una opinión externa.

En las últimas semanas he tenido la oportunidad de poder mezclarme con uno de estos grupos. Llevo varias semanas visitando oficinas médicas en el Auxilio Mutuo, atendiendo ciertos dolores y molestias que me han aquejado por algún tiempo, pero que recientemente se me juntaron todas a la vez, por lo que decidí ocuparme del asunto para evitar tener que preocuparme después. Esta peregrinación me ha llevado en varias ocasiones a oficinas médicas, laboratorios, Rayos X, CT Scan, e incluso a tomar terapias físicas por nervios que tengo pinchados en la espalda. En todas estas salas de espera siempre hay un factor común: un grupo de personas que mis hijos, mis padres y mis amigos sin ninguna duda categorizarían como “un chorro de viejos”.

Estas personas aparentemente se conocen en su mayoría entre sí. Son visitantes frecuentes que se preguntan unos a otros como les fue en el examen de la semana pasada, o que se dan apoyo indicando a otros que no se preocupen por el procedimiento tal, ya que ellos se lo han hecho, y no molesta mucho. Conocen a los empleados del hospital, y los empleados los conocen a ellos. Hoy por ejemplo, un visitante estaba preguntando por Ramírez. De la conversación que ocurría me enteré que Ramírez es la persona que controla el tránsito de los pacientes en la sala de Consultas Externas, y que Ramírez empezó a trabajar en el hospital hace 43 años, haciendo una función similar en la sala de emergencia. La persona que preguntó por él lo conoce de esa época. Al menos nada malo le había sucedido a Ramírez. Él faltó hoy por una cita que tenía.

Sin uno darse cuenta, empieza a formar parte de ese corillo. El día del CT Scan, dos señoras me asesoraban de como me debía tomar el jugo de Bario que me dieron para el contraste con supuesto sabor a guineo, el cual obviamente no me gustó. Hubiese preferido sabor a tocineta, o a piña Colada, pero sólo había guineo. El consejo de beberlo en sorbos grandes y sin respirar lo único que lograron fue el que casi vomitara el primer vaso que me había bebido. Cuando terminé la primera botella, la enfermera no se encontraba en el área, así que mis dos nuevas amigas me indicaron que ahora me tocaba caminar por una hora, y que luego me tendría que tomar otra botella. Ambas señoras eran expertas en el procedimiento que me harían. A cambio de su ayuda, le indiqué a una de ellas el como se escribía la palabra histerectomía, ya que ella tenía que anotar las cirugías que le habían hecho, pero ella decidió sólo anotar las más recientes por falta de espacio en el papel. Es interesante esto de ser ciego, ya que como no podía ver a la señora, debido a la cantidad de operaciones que se había hecho, en mi mente tuve una imagen de que ella debería ser la versión femenina de Darth Vader. Espero que esto no lo lea nadie del corillo, ya que posiblemente me expulsan.

En una de las esperas hoy una señora me preguntó si mi perro era de seguridad, y si estábamos investigando algo, ya que ella había notado nuestra presencia en días anteriores. Ya me están monitoreando, aunque claro, Pilgram llama mucho la tención. Debo conseguirle un bigote falso para confundir al público. Saliendo de la cafetería una empleada me saludó de la siguiente manera:

–Carlos, ¿Ya mataste a la que te estaba matando?

Ya hay empleados que me conocen por nombre. No por apellido, o por titulo profesional. Me conocen por primer nombre. Sin darme cuenta ya soy un miembro del corillo de los viejos del Auxilio, aunque no quiera aceptarlo. Ya soy oficialmente viejo, y lo único que me falta es empezar a usar un abrigo en las citas, como los demás, en lugar de estar pasando frío.