Código de vestimenta

La vida de los humanos es una llena de rituales sociales. Uno de estos rituales es el de celebrar fiestas por distintos motivos. No voy a hablar de las fiestas como tal, pero sí quiero enfatizar en algo que demuestra la diferencia entre los hombres y las mujeres. Me refiero a la vestimenta usada en las fiestas.

No hay nada que pueda arruinar más la experiencia de una mujer , o en este caso, al menos dos, que el descubrir que hay otra mujer en la fiesta que lleva el mismo traje que ella. Esos trajes iguales demuestran el poder de unos potentes imanes que por tener el mismo polo, se repelen. Cuando hay dos mujeres vestidas iguales, es notable el esfuerzo que ellas hacen para no acercarse, pensando que nadie se ha dado cuenta del problema. Incluso se esconden de las cámaras para evitar que el asunto sea notado por alguien en Facebook.

Lo interesante es que para nosotros los hombres, el asunto es completamente distinto. No hay nada que haga que uno se sienta más incomodo en una fiesta, que el percatarse que uno esta vestido completamente distinto a los demás asistentes. Lo mejor que le puede suceder a uno es que tan pronto uno entra a la fiesta, pase otro hombre frente a uno que esté vestido exactamente igual a uno. Cuando esto sucede, se siente una sensación de alivio, ya que se sabe que la ropa que se escogió para la fiesta era la apropiada. Si de casualidad hay un tercer hombre con la misma combinación, aunque ellos no se conozcan, en algún momento de la fiesta se buscan para poder relajar con otras personas de que ellos tocan en el mismo combo.

De hecho, mientras mas fastuosa la fiesta, más se nota esta diferencia entre hombres y mujeres. Las mujeres buscan sus trajes en lugares en los que piensan que no van a comprar otras invitadas a la fiesta, o mejor todavía, visitan a un diseñador de ropa para que le prepare un traje único. Sin embargo, los hombres asistimos con etiquetas similares. De esta forma nos podemos confundir dentro del grupo, como si fuéramos una manada de pingüinos que queremos confundir a un depredador hambriento.