P del S 238

En las semanas recientes el asunto más comentado en Puerto Rico es el si se debe aprobar o no el proyecto del Senado 238 el cual pretende prohibir el discrimen laboral por motivos de orientación sexual. Ciertamente es vergonzoso el que en pleno siglo XXI se tenga que legislar para prohibir el discrimen por esta, o por cualquier otra razón, que no sea una relacionada al desempeño de una persona en su área de trabajo. Esta ley pretende unir la orientación sexual al nivel en el que en la actualidad se prohibe la discriminación por razones de raza, sexo, religión, edad, nacionalidad, creencias políticas, etc.

Mi opinión es que no estoy tan seguro si el aprobar esta ley tendrá el efecto positivo que esperan los miembros de la comunidad LGBTT. La realidad es que aunque por años han habido otros grupos que están protegidos por ley contra el discrimen, a final de cuentas los patronos, en especial los privados, tienen la libertad de contratar a las personas que ellas entiendan son las que más le convienen. No podemos tapar el cielo con la mano. En Puerto Rico todavía se discrimina contra los negros y contra las mujeres. Es mucho más probable que al visitar un banco recibas el servicio de parte de una persona blanca, que de una persona negra, o de una persona joven, que de una persona vieja. Casi nadie contrata a una mujer en evidente estado de embarazo, e incluso hay compañías que evitan contratar mujeres jóvenes en edad reproductiva, o que tengan niños pequeños ya que saben que son más propensas a ausentarse.

Incluso creo que es posible que el aprobar esta ley pueda traer más discrimen a las personas homosexuales, ya que en la actualidad es común notar la presencia de aparentes miembros de esa comunidad en un gran número de lugares comerciales. hay muchos patronos que no discriminan contra ellos al momento de contratarlos, pero no estoy seguro si harían lo mismo una vez aprobada la ley, ya que se crea una posibilidad de ser demandados si en algún momento tienen que despedir a un miembro de esta comunidad por alguna razón de mérito, pero entonces la persona podría reclamar que fue despedida por su orientación sexual. Otro problema que se podría crear es que un miembro de esta comunidad que esté buscando un empleo en una plaza en la que entiende hay bastante competencia, podría ir a la entrevista y declarar que es homosexual para luego indicar que no le dieron el puesto por razones de discrimen. Tampoco creo que el Banco Popular de PR, o alguna cadena comercial permita que un empleado Transexual rinda servicios al público con la vestimenta y arreglo personal cónsono a su orientación sexual. No he escuchado argumentos a estos efectos, pero me parece que es necesario el que se discuta.

También merece discusión la postura patética de las iglesias cristianas que se oponen firmemente a este proyecto de ley. Ellos entienden que las personas de la comunidad LGBTT viven una vida pecaminosa, lo que por lo tanto podemos entender que la iglesia discrimina contra estas personas por razones de creencias religiosas. Los cristianos que por años sufrieron persecución por sus creencias religiosas, ahora persiguen a otros por la misma razón. Las mismas iglesias que han sido sacudidas por escándalos de abuso sexual contra menores, y que hacen todo lo posible para que esto no salga a la luz pública, ahora persiguen con odio a los homosexuales. El único argumento que no he escuchado de las iglesias es que establezcan cuál es el riesgo que corre la sociedad si se aprueba esta ley. La realidad es que en Puerto Rico todos tenemos a un familiar homosexual. Los miembros de la comunidad LGBTT son parte de la sociedad puertorriqueña, e incluso mundial, y el aprobar o no esta ley, no cambia en nada la orientación sexual de nadie.Si la iglesia entiende que estas personas son malas para la sociedad, entonces se debe preguntar cuál ha sido su aportación para eliminar este “problema”. Su mensaje no ha llegado.

Y mientras este debate ocurre, nos olvidamos discutir cómo vamos a solucionar la crisis económica que hunde a nuestra isla.