Marioneta

Debido a que la Retinitis pigmentosa es una condición degenerativa progresiva, uno no se da cuenta de lo que está pasando. Cada día se parece al anterior en términos de cuanto uno ve, o no ve. A diferencia del que pierde la vista en un instante en un accidente, sin haber tenido tiempo de prepararse, o de entender que fue lo que le sucedió, para mí ,el tener que atender la amenaza de quedar ciego era algo que podía esperar.

Si bien es cierto que desde que me diagnosticaron la condición, mis espinillas fueron las primeras en sufrir las consecuencias de estar tropezando con objetos bajitos que quedaban fuera de mi campo de visión, por lo demás todo era manejable. Con luz adicional todo se resolvía. En todas partes tenía linternas disponibles para poder alumbrar lo que necesitaba ver, y creía que con esto era suficiente. Mi plan de emergencia era tener linternas disponibles, e incluso las usaba de llavero.

El problema fue que yo no veía que no estaba viendo lo que no veía. Mi percepción de la realidad que me rodeaba, es que sólo existía lo que veía, y lo que no podía ver, no estaba. En esos momentos tenía la protección de las personas que me rodeaban, y supongo que era cómico el verme caminar con alguien con quien iba hablando, pero en lugar de que la persona fuera a mi lado, yo la iba siguiendo. De esta forma me aseguraba que el camino estaba libre. Estas personas eran las que me advertían de que había un escalón, un hoyo, o un objeto en el medio. Dado que eran pocas las personas que sabían de mi problema de la vista, cuando se me acercaba alguien a saludarme, mis protectores me advertían, y me avisaban cuando debía extender la mano. Supongo que con un escuadrón de protectores que me acompañaran a todas partes podía haber seguido pretendiendo que no era ciego, aunque claro está,no lo estaba haciendo de forma consciente. El problema fue que sin darme cuenta había dejado de ser una persona para convertirme en una marioneta.