Lo que se hereda, no se hurta

Como he mencionado antes, la Retinitis Pigmentosa (RP) es una condición hereditaria que en mi caso particular se presume me llegó de mi lado materno. Yo soy el único miembro de la familia que le tocó tenerla, de los posibles 3 candidatos de mi generación. Tampoco sabemos de casos específicos de miembros de generaciones anteriores que hayan tenido RP. Los candidatos a tenerla somos los varones descendientes de las mujeres de la ascendencia del lado de mi mamá. Tanto mi hermano, como el hijo varón de mi tía por lado materno pudieron haber recibido la condición, pero no les tocó. Son las hembras de mi generación las que en teoría podrían transmitir los genes afectados a futuras generaciones.

Claro está, uno presume que no hay ningún otro varón en mi ascendencia que tenga la condición, pero también hay la posibilidad que si haya existido algún hermano de mi bisabuela o alguien de una generación anterior que sí haya tenido la condición, pero que nunca se haya diagnosticado. No me extrañaría que algún día alguien haga un cuento de un pariente de dos o tres generaciones atrás que tuvo un accidente una noche que iba galopando a toda velocidad, huyendo del padre de una novia, y que murió ya que no vio unas ramas de un árbol a las que golpeó fuertemente con su cabeza. Debe haber varias historias que no conozco que posiblemente reflejarían que no soy el primero de la familia. Dado que la vida es circular, no me extrañaría que yo no sea el primero en nada, y que la única diferencia es que en San Lorenzo no se llamaban Pub a lugares con la misma función.

Lo normal en casos como el mío, es que uno busca siempre un culpable para poder reclamar. Sin embargo, nunca he considerado el culpar a mami, a mi abuela, o a la madre de mi abuela, a quién no conocí. En el caso de mi mamá y mi abuela, la RP no era algo que ellas pudieran prevenir, y es posible que hasta la hayan sufrido más que yo, así como se sufren los dolores de los hijos. Incluso, no creo que abuela supiera de la posible línea genética, ya que ese tema no lo hablamos, pero nunca me faltó una llamada telefónica cada vez que salía un artículo en el periódico sobre la RP.

Incluso, si fuéramos a echar culpas, yo soy el menos que puede, ya que yo sí tuve hijos a pesar de conocer la existencia de la RP en mis genes, aunque se supone no la puedo transmitir. Claro, siempre uno tiene algo de miedo, y si mal no recuerdo, en dos ocasiones se le han mirado las retinas a mis hijos en busca de algún síntoma. Cuando yo empecé a salir con mi esposa en Mayagüez, ella se hizo un examen rutinario de la vista, y le comentó a la doctora que estaba saliendo con una persona con RP, y la recomendación de la doctora fue que me dejara, ya que “el mundo no necesita más niños ciegos”. Lo interesante es que ella no fue la única persona que ha recibido un consejo similar, según he sabido.,

En las pasadas líneas he mencionado a quienes nunca culpé por mi RP, pero obviamente toda historia tiene su villano. Aunque la negación me acompaño por mucho tiempo, Negación tiene 4 hermanas adicionales que iremos conociendo en esta serie de artículos, y con quienes me ha tocado compartir a lo largo de estos años. La segunda de estas chicas se llama Ira. Fue ella la que me llevó a encontrar a quién culpar. ¿Qué mejor villano a quién poder odiar y maldecir, que uno llamado Dios? Pero de eso hablaremos en otro artículo.